Si los encuentros calmaran
Las corrientes venenosas
De las almas atrapadas
De los cuerpos manipulados
De las voluntades enrejadas...
Si las pasiones carnales
De sus piernas y las nuestras
Formaran los caminos
Placenteros, bailarines
Moriríamos diez,
veinticinco en el mismo
Placer de sentirnos vivos
Y son las bocas
Con las comisuras de otoño resecas
Con el crujir apagado
De las llamas del corazón a medias,
Que quisieron protegernos
De la energía valedera
Curéseme del espanto
Cogiendo los Montes
Sobre los que resbalo
Al perder todo sentido
Así desaparecería el vacío
Y la conexión se restablecería
Pues nuestras pieles sin abrigo
Para tejerse juntas siempre han existido
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