cada tatuaje en ellos es una mentira que te contaste,
para no ver al olvido,
para maltratar a las almas
que por tu camino
pasasen.
Mientes con una lasciva sonrisa
en tu impropia boca,
desarmas las cuerdas
con las que empezabas a atarme,
sonríes a la miseria
revolcándote en la nuestra propia.
Con las manos ensagrentadas quisiera coserte esa sonrisa falsa,
corroer cada espacio de tu carne sonriente con gruesas puntadas,
inundar con arroyos de felicidad extasiante tu cabello enredado,
para que se quede ahí, en tus entrañas, corriendo y atrapada,
derrumbando tus seguridades en lo siniestro plantadas,
que te carcoma la felicidad y volver no puedas a tu asquerosa oscuridad;
pretexto vano para lo casual, casual abrigo para la irrealidad,
deseo que la cordura te embargue, como el veneno que mereces,
para tener que soportar esta realidad, cruda, fría, seca, vacía,
sin música torrencial, sin aves con qué volar, sin coctel para embriagar,
que la sobriedad te aplaste entre dos muros alegres,
y que así intentes engañar a la insistente bondad
de la que jamás podrás escapar, aunque quieras tu estúpida felicidad negar.
Ruega por tu dolor,
porque no es dolor lo que te duele,
es amor lo que te araña,
es bondad lo que te pudre,
son hilos traslúcidos
de etéreo veneno espiritual,
todo eso a lo que temes.
Lo nuestro no podía ser, pero siéndolo ya lo era, ya lo fue.
Cruzaste como demonio oscuro mi claridad aquietada,
irrumpiste con fiereza mi patética abstinencia,
jugaste en mi cuello a ahorcar el pasado,
renaciéndonos en un presente instante maltrecho,
donde la nada jugaba a vaciarnos,
dándonos todo en todos los instantes,
mientras, asustados, nuestros vacíos se besaban.
Semanas despúes del teatro,
lo unico que queda en pie como fruto del acto,
es mi odio hacia tí, por tí mismo engendrado,
que romperá las paredes, las calles, las madrugadas,
para ir a apuñalar las puertas sin llaves,
y estampar con mil sórdidos rasguños,
tu habitación solitaria,
tus anhelos por tí encarcelados.
Ojalá te destruya la dicha,
te embargue la felicidad
y se vuelva para tí destructora,
que te ahogues en la risa,
te abrume la niebla
que llegue con mi aroma,
que se escurra por tu rostro,
una única y real lágrima liberadora,
para que entiendas que la vida no es huir,
son mareas en donde decidimos escribir,
las pocas historias felices que nos negamos a vivir.
Que mi llanto y mi anhelo te embarguen,
que cada vez que llore y me desangre,
el olor llegue hasta tu calle,
entre por tus manos suaves,
se inserte por los falsos trazos de tus tatuajes,
y escriba en tus disfraces el dolor de haber estado vivos por instantes.
Que los gritos inertes de tus llamas apagadas lastimen tus oídos hasta ahogarte.
Que el incendio de mi dolor corroa toda tu eternidad hasta sepultarte.
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