sábado, 16 de diciembre de 2023

Entender, tarde

 Entendí tarde

Que mi cabeza debía arder.

Salve

Mi ser.

Lo salvaste, o intentaste.

Nada pudo hacerme ver.

Comprendí luego,

Tu verdad consumada.

Clavóseme una roca

En mi corazón frío,

En llamas ardiendo.

Del dolor de ser y no saber.

Del dolor de querer y no poder.

Oh, Mar misterioso,

¿acaso pactamos antes ya?

Por qué llegas en el ocaso,

Cuando sólo hay hierro en el asfalto,

Cuando las flores están podridas, 

Cuando mi voz está hundida,

Cuando queriendo ser me muero,

Me mato sin saber, me pierdo sin probar, me exijo sin soñar.

Rómpeme la cabeza, 

Me entrego a la irrealidad,

Quiero soñar y olvidar,

Perderme y renacer,

Quiero volver a creer,

Sentir que tiene sentido ser.


Pellizcos delicados y finos

Tuercen mi corazón entristecido,

Tapado bajo terciopelo lila,

Morado de la angustia,

Que tenías por entregarme el liberador mensaje, 

Que no quise o realmente no alcanzaba a ver.

Y ahora oyendo música morada,

Ver entrar por las mortajas,

Tu mano fuerte, al último instante,

A intentar todavía, rescatarme.

Rómpeme mi cerebro, asfíxiame las ideas, destroza los egrégores, 

Yo solo quiero estar desnuda, clara,

Sin penumbras, en las manos de tus palmas.

Recorrer los caminos, de corazones partidos, para encontrar los pedazos del mío, tan hueco, tan frío, tan vacío.

Te solté y aunque creía saber porqué,

Resulta que no lo sé.

Pues me acabas de hundir en la agridulce marea de la posible verdad.

Y es que a destrozar mi falsa identidad, me querías ayudar.

Y ahora qué hago, si ya te dije chao,

Si no tengo cara para decirte lo que mi anhelo pretende.

Servirle mi Señor, a su gusto, a su tiempo, olvidar mis ideas, desterrar la cabeza, sanar las exigencias de mis traumas, y tras de ellos, encontrar la simple verdad, que no me atrevo a mirar. 


Señor, yo no puedo decidir, dígame Usted, a qué me debo atener?


Suya.

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