Cero expectativas
a tu luz,
cero expectativas a tu sombra.
Cero expectativas a encontrarnos,
o en el encuentro, desencontrarnos.
Cero expectativas de esperarte,
nada de ganas de motivarnos,
sólo realidad y crudeza,
debería ser nuestra naturaleza,
si no somos jueces,
amos,
ni verdugos,
si sólo queremos vernos,
tocarnos, encontrarnos,
jugar a ser felices,
por instantes rotundos.
Eso sí es real,
las llamas son reales,
la soledad es real,
los encuentros son reales,
que sean ardientes,
que haya llamas,
que todo explote,
que nuestras mentes estallen,
mientras los cuerpos se ahogan,
con tu mano en mi cuello,
y mi piel en tu pecho.
Quien nada espera, nada teme,
debería decir el dicho.
Pero quiero esperar tenerte,
que me tengas,
y que nos tengamos,
en las palabras,
en el café,
en los patacones,
en las madrugadas,
en las corridas a la lavandería,
en el conocer las almas,
y tratar de parcharlas,
al menos por instantes,
¡qué mas da!
si así somos felices.
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