En pocos días
Amé tu alma,
Desesperada.
Hombre de los pecados, que no lo eran!
Mujer de las advertencias, que nunca lo fueron!
Nada fue tan fuerte,
Para sobrepasar
nuestras llamas irreverentes.
Y me quedo entre las cenizas,
De tus dulces fotos
Y tu sonrisa,
Mirándome eterno
Con tus ojos profundos,
Que aunque no lo aceptes,
Revelan lo más puro.
Cómo desgarrar el dolor que,
Aferrado con sus dientes
Gruñe y me desangra?
Cómo quito este dolor tan mío que es tuyo,
Tan nuestro y tan de nadie,
Pues parece no haber existido,
Entre las nubes,
Un instante!
No soy un ángel,
No eres el diablo,
Éramos Uno,
Siendo luz y sombra en un segundo.
Tu arma me hería,
Y el dolor mordaz
Acariciaba insistente
La ávida jaulilla
Donde mis ansias se escondían.
Así, sobrepasabas mis expectativas,
Satisfacías vacíos eternos,
De todas las parejas,
De todas las vidas,
Me ahogábas en tu fuerza,
Pidiéndote que te detengas,
Mientras decías
Que el barco ni salía.
Pero no te amé por tu carne,
Por tu fuerza, por tu anarquía,
Me enamoré,
Sí,
Palabra prohibida,
Por tu noble esencia,
Por tu serena compañía.
Recordar tu amor exuberante,
Se vuelve lastimero,
¿Cómo puede un cariño gigante,
Romperme el corazón y el cuerpo,
Enteros?
Con tan sólo un maldito,
Infame recuerdo.
Eres lo que pedía a gritos
arrodillada sobre los charcos
De mis nausabundos vacíos,
Eras lo que añoré, eternamente;
No entiendo cómo dejé
Que te diluyas tan fácilmente.
Entre tu miedo a la soledad,
Y mi miedo a disfrutarte y amar,
Perdimos la única y maldita oportunidad.
Un segundo de confusión bastó,
Y todo este universo de perfección
Como castillo de naipes se derrumbó.
Yo te amé sin pecados, de ellos me reí,
Pues el real pecado eran tus esposas,
Gélidos grilletes, inmovilizando
tu cordura salvadora.
Tu miedo fue que tu sórdido discurso,
Caía sin más a mi lado,
La compañía era ya una posibilidad,
Y el empezar a ser real
Era tu realidad.
Pero tuviste, en esta matrix,
La peor disonancia cognitiva,
No creíste posible acabar de amarme,
No te atreviste a terminar de enamorarme.
Faltaron uno o dos días,
Y nos largábamos de las sombrías
Vidas que llevábamos cargando,
Sin sabernos, ahogándonos.
Para llegar a una, donde sería tu sumisa,
Y tu reina, palabras citadas de tu boca,
Que sin saberlo, al besarme, explotó las montañas de roca!
Me has convertido en esclava
De las letras, tus letras.
Extraño leer tus poemas,
Me faltaron todos,
Mi pena es realmente eterna.
Maldito marinero,
Venías sólo a robarme el oro,
Siento que lo conseguiste y huiste,
O quizás ciego te dejó
Su explosivo destello,
Que en un segundo te arrepentiste,
Y decidiste volver sin explicarme,
A ese mar de enredos y oscuridades,
En el cual viviste todas tus edades.
Qué asunto tenías pendiente,
Que desandaste el camino,
Que te aterraste y escapaste,
Antes siquiera de que te dijera,
Que me llevases?
O fue un mal mareo mío,
Y nunca hubo encuentro,
Sólo secuestro,
Para que pases el momento?
Hay un eslabón perdido,
Extraviado,
En tu corazón,
Que ha dejado fracturado el mío.
Es un eslabón cuchillo,
Que hasta ahora no he comprendido.
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