miércoles, 26 de octubre de 2022

La ropa mojada

La ropa mojada

no es sólo un encuentro

era una posibilidad de refresco


Dejarme empapar por la intensidad de tu sonrisa,

la fuerza de tu mirada,

las ganas olvidadas,

la pasión exagerada


Y no sé si te alcancé,

si te alcazo,

si te ayudé,

si me ayudas...


Y entre los rizos negros de tus mares

me perdí en la ilusión

de quererte querer y no poder,

de quererte creer y no creer

de quererte ayudar y no saber.


En los tejados por las noches,

sale tu gato a pelear,

quizás lo hace por tí, 

porque sabe luchar,

esta guerra gracias a tí.


Las noches desaparecen, efímeras, como historias imaginadas,

entre tu piel y la mía,

despegándose de miedos y complejos,

afinando patrones y creencias,

deshilachando los minutos presentes,

instantes de lujuria que no bastan

para conocerte,

ni conocerme,

ni que me conozcas,

ni que te encuentre. 


Qué es la vida sino las máscaras,

que es la existencia sino el baile,

donde usamos el mejor atuendo,

para vestir nuestra soledad atolondrada. 


Tu piel habla de dolor,

tus manos de ternura,

jugamos a desembarcar y nadar,

en el océano irreal

de la realidad que queremos crear.


Y no sé si podemos,

pero la quiero disfrutar,

como a los quince años,

necesito imaginar,

los olores nuevos,

las sensaciones palpitantes,

de encontrar alivio y locura

en un alma desconocida. 


Hombre de los pecados mortales,

que creía mortales pero eran sueños,

sueños olvidados que ya no te perseguirán,

porque nuestras llamas arderán

para intentar molestarte y ganarlos, sin más. 


Sueño que nos encontramos,

y me encanta el encuentro

sin sentido,

donde siento todo lo que hay

en esta soledad sinsentido.


Gracias por hacerme recordar,

el valor de las letras,

el valor de sentir,

el valor de probar. 


Que una almendra ahumada,

esté siempre en tu almohada,

para que puedas conciliar el sueño,

y tu alma dormir la noche en paz. 


Espero que la historia no acabe,

espero que sanes,

espero que tu sonrisa se haga aún más grande,

y que nuestras palabras,

crucen los cables. 

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